Eliseo, Jehú y el celo por YHWH

Resumen

En este artículo analizaremos la revolución de Jehú (2 Reyes 9-10),  un episodio de la Biblia integrado en el ciclo de Eliseo que pone de manifiesto una actitud constitutiva de la religiosidad del Antiguo Testamento, el celo por YHWH.  Nuestro objetivo será determinar si tal episodio fue en verdad el primer testimonio de intolerancia religiosa en el yahvismo.

  1. Para ello se tendrán en cuenta tanto testimonios bíblicos como extrabíblicos, realizando:
    1. Un estudio de la composición literaria de 2 Reyes 9-10.
    2. Un análisis de la Estela de Tel Dan.
  2. Con los resultados de dicho análisis, veremos la situación de la época a la que 2 Reyes 9-10 hace referencia, siglo IX a. C., y la de sus redactores/editores con el objetivo de:
    1. Ver qué aspectos del contenido del relato reflejan la realidad del siglo IX a. C.
    2. Determinar qué elementos son propios de la ideología de sus redactores/editores.

Introducción

La violencia en nombre de la religión constituye un tema de debate de plena actualidad, principalmente por los recientes ataques producidos a poblaciones europeas, africanas y próximo orientales por un grupo extremista islámico conocido como DAESH. A ello se suma, desde mediados del siglo pasado, los episodios de violencia étnico-religiosa acontecidos en Oriente Próximo, donde el enfrentamiento entre musulmanes y judíos se ha erigido como un nuevo episodio del choque entre religiones monoteístas.

Por todo ello, no han sido pocos los que han achacado a las religiones monoteístas un talante de intolerancia exclusivista. Ya en la primera mitad del siglo XX el gran historiador y filósofo de la religión holandés, Gerardus Van Der Leeuw, distinguía entre “religiones de quietud” o religiones místicas, como el hinduismo y el budismo, y “religiones de combate”, entre las que incluía, además de las tres monoteístas – judaísmo, cristianismo e Islam-, el zoroastrismo, el mitraismo y las religiones germánicas. 

No obstante, desde nuestro punto de vista, creemos que la concepción del erudito holandés sobre las religiones no se corresponde con la realidad debido a que la intolerancia y la violencia no son rasgos que estén presentes únicamente en las religiones monoteístas al igual que tampoco son compartidos y defendidos por todas las personas que las profesan. 

Respecto a lo primero, cabe destacar que tanto la quietud como el combate se han dado y se dan, en mayor o menor medida, en todas las religiones y culturas ya que la guerra siempre ha sido una institución natural. Por ejemplo, la sinergia divina y humana en la guerra, comúnmente conocida como “guerra santa”, era patrimonio común de todos los pueblos del antiguo Oriente ya que lo religioso y lo profano no se podían separar.

En cuanto a lo segundo, en las religiones monoteístas siempre han coexistido dos corrientes contrapuestas: una sería aquella a la que hemos hecho mención, la que tiende a la intransigencia y a la intolerancia, y la otra la que es propensa a la no violencia y al pacifismo, la representada por Jesús de Nazareth, los poverelli y por los místicos cristianos, judíos o sufíes, entre otros.

Nosotros, en el presente artículo, nos ocuparemos de la primera de las dos corrientes ya que analizaremos un episodio de la Biblia integrado en el ciclo de Eliseo, la revolución de Jehú (2 Reyes 9-10), que inaugura una historia de la tolerancia y la intolerancia en el judaísmo, cristianismo e Islam y pone de manifiesto una actitud constitutiva de la religiosidad del Antiguo Testamento, el celo por YHWH.  

Este celo por YHWH constituye una forma de expresión religiosa cuya máxima en la religión de Israel – primeramente denominada yahvista y sólo tras el regreso de los exiliados a Babilonia judaísmo- es la defensa a ultranza de YHWH y de su Ley. YHWH es un “dios celoso” (אל קנא) que no admite a otros dioses junto a sí ni tolera la idolatría de sus fieles, los cuales han de cumplir con el mayor celo posible los primeros mandatos del Decálogo: no tener otro dios – o más dios- que a Dios, y no hacerse imagen suya. Pinhas – nieto de Aarón-, en versión sacerdotal, Elías, en versión profética y Jehú, en versión militar, son los prototipos de esta expresión, los celotas.

En el presente artículo, en primer lugar, analizaremos el texto y la composición literaria de 2 Reyes 9-10 para después comentar el principal testimonio extrabíblico relacionado con este episodio, la estela de Tel-Dan. Todo ello se hará con el objetivo de determinar si tal episodio fue en verdad el primer testimonio de intolerancia religiosa en el yahvismo, para lo cual tendremos que averiguar qué aspectos del contenido de este relato podemos situar en la época a la que se refiere, mediados del siglo IX a. C., y cuáles son propios de la ideología de sus autores y editores, lo que se analizará en el apartado número tres. Finalmente, dedicaremos un punto a comentar las reflexiones que han surgido tras su realización.

1. 2 REYES 9-10: ANÁLISIS Y COMPOSICIÓN LITERARIA     

Una investigación del episodio narrado en 2 Reyes 9-10 debe evitar una aproximación unilateral que llevaría a tener un conocimiento parcial sobre el tema. Por ello, en este artículo hemos combinado información intra, inter y extra textual para beneficiarnos de una aproximación más comprensiva al estudio. 

Esta aproximación multidimensional necesita también tener en cuenta los diversos materiales que forman el contexto literario para la revolución de Jehú, lo cual incluye al ciclo de Elías y Eliseo, el libro de los Reyes y la construcción académica de la unidad de la Historia Deuteronomista, primeramente desarrollada y defendida por Martin Noth en Überlieferungsgeschichtliche Studien (1967). En consecuencia, en este apartado veremos unas nociones generales sobre el texto del libro de los Reyes, explicaremos en qué consiste la llamada hipótesis de la Historia Deuteronomista y analizaremos el texto de 2 Reyes 9-10 desde un punto de vista filológico.

1.1 El texto del libro de los Reyes

El libro de los Reyes es uno de los libros del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana que en el pasado formaba un solo rollo con I y II Samuel. Hasta comienzos de nuestra era, sabemos que circulaban dos formas distintas de este texto, de las cuales sólo una ha llegado hasta nosotros, la de los masoretas.

De la existencia de la otra forma tenemos constancia gracias al descubrimiento de los manuscritos del Qumrán, los cuales suministraron las pruebas que testifican la existencia en Samuel-Reyes de dos tipos textuales hebreos diferentes: uno sería el ya mencionado de los masoretas y el otro el de la versión griega antigua o Septuaginta.

La perspectiva que adoptaremos en este artículo no será la de escoger una versión sobre la otra sino la de tener en cuenta ambas, evaluando sus diferencias y sus similitudes, ya que la existencia de dos versiones distintas no quiere decir que una de ellas refleje un texto mejor sino que las dos ilustran un texto hebreo de extracción y desarrollo diferente. 

1.2 La Hipótesis Deuteronomista

Los defensores de esta hipótesis sostienen que el impacto del libro del Deuteronomio sobre el mensaje final de la Biblia hebrea va más allá de sus estrictos códigos legales. Eso es lo que hace que el relato histórico concatenado de los libros que siguen al Pentateuco – Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel y 1 y 2 Reyes- guarde una relación lingüística y teológica tan estrecha con este libro. Dicha relación, desde mediados de la década de 1940, ha sido llamada “Historia Deuteronomista”.

Según algunos estudiosos de esta hipótesis, ya que no existe consenso hoy en día sobre el tema entre ellos, fue elaborada, a través de diversas fuentes, por una especie de coalición deuteronomista que incluía sacerdotes, profetas y jerusalemitas de alto rango que después del exilio mantuvieron una teología nacionalista. Esta teología es lo que les llevó a la redacción y edición de la Historia Deuteronomista, cuyo propósito era de carácter historiográfico ya que tenía por objetivo la realización de una narración de las tradiciones nacionales de Israel que estableciera, tras la desaparición del reino del Norte, una identidad nacional.

En cuanto a la fecha de elaboración, por textos como el del pacto entre YHWH y David en el libro de los Reyes, parece mejor situar la fecha de la composición inicial de la Historia Deuteronomista para el reinado del rey Josías. En dicho pacto, YHWH le prometió a David que siempre tendría un dominio en Jerusalén y un descendiente de su trono, tema que alcanza su punto culminante en el reinado de Josías.

Con los años, la Historia Deuteronomista fue glosada y complementada en varios lugares, incluyendo una descripción actualizada de la historia de Judá después de la muerte de Josías y varias referencias de un editor anti-Jezabel que en el siguiente punto del artículo, siguiendo a McKenzie, será llamado editor post-deuteronomista. Sin embargo, a pesar de la existencia de múltiples adiciones, la historia en su conjunto no volvió a ser editada sistemáticamente después de su composición inicial. Con estos presupuestos analizaremos en el punto siguiente la composición de 2 Reyes 9- 10 con el objetivo de ver qué fragmentos son de edición o elaboración deuteronomista y cuáles de edición post-deuteronomista.

1.3 2 Reyes 9-10

Estos dos capítulos, procedentes del reino del Norte – Israel-, son un relato insertado en el libro de los Reyes, el cual estaba formado en un principio por la simple yuxtaposición de ambas series de reinados de Israel y Judá conforme a la “ley de alternancia de sincronismos”. En un estadio posterior se recogieron fuentes o colecciones de relatos proféticos o históricos que fueron insertados en los marcos de reinado con los cuales sincronizaban (ciclos de Elías y Eliseo, etc.). Tal es el caso de 2 Reyes 9-10, insertado en el marco del relato de Ocozías de Judá. 

Es importante destacar que existe un acuerdo general de que la narración sobre la cual se basan estos dos capítulos era una relación histórica directa, a modo de armario escrito al reinado de Jehú, que vendría a justificar su derramamiento de sangre. Esta relación histórica se nombra en el libro de Crónicas, concretamente en 2 Cr 20: 34: “El resto de los hechos de Josafat, de los primeros a los últimos, he aquí que están escritos en los Hechos de Yehú, hijo de Hanani, que se hallan insertos en el Libro de los Reyes de Israel”. Tales libros se conservarían en los archivos reales y no trascenderían al pueblo. Se trataría de elaboraciones o versiones populares completadas con la documentación de esos archivos y con algunas tradiciones.

Por lo tanto, DTR(s) – editor/es deuteronomistas- tuvieron acceso a esta narración sobre el golpe de estado de Jehú, la cual fue incorporada dentro de su esquema como el cumplimiento de la palabra de Elías en 1 Reyes 21: 20-24, oráculo realizado por el profeta Elías al rey de Israel Ajab debido al asesinato en la viña de Nabot (1 Reyes 21). La prueba de esto, como veremos a continuación en el análisis de los fragmentos que componen 2 Reyes 9-10, es que la narrativa del relato de Jehú está salpicada de referencias que lo vinculan a 1 Reyes 21, todas ellas adiciones secundarias a la historia de la revuelta.

  1. 2 Reyes 9: 1-13

En estos versículos se narran las acciones de Jehú impulsadas por el enviado del profeta Eliseo para ungirle rey. DTR (s) serían los compiladores a partir de varias fuentes, a saber, la “Historia de Yehú” o algunas de carácter profético – las cuales según Gray reflejarían la reacción religiosa inspirada por los profetas contra la casa de Ajab(¿?)- y las de su propia elaboración. A todo ello habría que sumar las adiciones que el editor post-deuteronomista realizó en este pasaje.

De las segundas tendríamos los versículos 7 a y 8-9, uno de los enlaces que DTR(s) ofrecen en el esquema de cumplimiento de la profecía de Elías entre el oráculo contra Ajab en el incidente de Nabot y la narrativa de la revuelta de Jehú. Finalmente, los del editor post-deuteronomista serían los versículos 7b y 10 a, que junto a 1 Reyes 21: 23 y 2 Reyes 9: 36 formarían parte de la obra de este editor anti-Jezabel, mujer del rey Ajab. El resto de los versículos, según J. Gray, serían los provenientes de ese relato profético sobre la unción de Jehú.

  1. 2 Reyes 9: 14-16

Estos dos versículos reflejan el anuncio original de la conspiración contra Ocozías, la cual probablemente fue disuelta cuando se fusionó con la narrativa sobre la revuelta de Jehú en el proceso de la composición del libro masorético de los Reyes. El anuncio original de la conspiración era una continuación de la fórmula que comienza en 2 Reyes 8:25-27. Lo que ocurrió es que hubo un proceso de fragmentación y las piezas dispersas se ubicaron en la narrativa formando duplicados como los de 2 Reyes 8:28-29 y 2 Reyes 9:14-15 a.

Parte de la notificación original de la conspiración fue transferida a 2 Reyes 8:28 – formando uno de los anteriores duplicados- para introducir la narrativa sobre la revuelta de Jehú. El editor responsable de esta transferencia también agregó dos declaraciones en 8:28 y tomó la referencia de la Septuaginta en 9: 16 a, la trasladó a 8: 29 y compuso 8: 28 b. 

Esta yuxtaposición creó la contradicción existente actualmente en el texto masorético con respecto a la ubicación – Ramot o Jerusalén- a la que Ocozías fue a visitar a Joram. El relato del capítulo 9 no menciona para nada la presencia de Ocozías en el campo de batalla de Ramot. La impresión que da el relato en 9: 16 b y en 8:29 b es que Ocozías descendió, no de Ramot, sino de Jerusalén, conforme al significado habitual del término técnico yrd, referido a un descenso a partir de Jeursalén. Ocozías, entonces, no había estado en Ramot, en contra de lo dicho en 8: 28.

El mismo editor trasladó la referencia a la conspiración de Jehú contra Joram de su lugar original en la Septuaginta – 2 Reyes 10: 36- a 2 Reyes 9: 14 a. Con el fin de adaptarse a esta declaración en su contexto, el compositor añadió 2 Reyes 9:14 b y trasladó 2 Reyes 9:16 a – como en la Septuaginta- hasta 2 Reyes 9: 15 a. En definitiva, 2 Reyes 9: 16 a, “pues que allí yacía en cama Joram”, se añadió para proporcionar una transición. 

Podemos entonces concluir que el texto detrás de 2 Reyes 9: 14-16 se lee originalmente “Ahora el rey Joram había regresado a Jezrael para curarse de las heridas que los sirios le hicieron cuando peleó contra Hazael, rey de Siria. Entonces Jehú montó en su carro  vino a Jerusalén”,  y que el presente texto en la versión masorética fue el trabajo de un editor posterior que segmentó y dispersó el anuncio original de la conspiración a través de la narración de la revuelta de Jehú.

  1. 2 Reyes 9: 25-26

Estos dos versículos contienen material insertado, lo cual viene indicado por la repetición de la instrucción de Jehú de mandar el cadáver de Joram al campo de Nabot y porque el versículo 25 interrumpe el enlace entre los versículos 24 y 27. Quizá los historiadores deuteronomistas se apropiaron de la palabra de Elías a Ajab de la historia original de Nabot y lo insertaron en los versículos 25 y 26 como un aviso de cumplimiento. Esto explicaría la falta de lenguaje deuteronomista en los versículos 25 y 26.

  1. 2 Reyes 9: 27b-29

Un editor post-deuteronomista insertó los dos primeros versículos – 27 y 28-, el mismo que insertó 9: 14-16 en el texto masorético, mientras que el versículo 29 está completamente fuera de lugar. H. Ch. Schmitt, siguiendo a Klostermann, considera muy aceptable el supuesto de que ese editor haya recogido el material de los versículos 27 y 28 de los Anales de Judá. Prueba de ello es que el interés del versículo 28 por los detalles del entierro de Ocozías de Judá no encaja dentro de una narración interesada únicamente en los acontecimientos de la revolución protagonizada por Jehú en el reino del Norte y que el estilo del versículo 28 recuerda mucho al de otras noticias de Anales. 

     e.     2 Reyes 9: 36-37

Estos dos versículos son el aviso de cumplimiento para la predicción contra Jezabel en 1 Reyes 21: 23 y, por lo tanto, han sido secundariamente unidos a la historia de la muerte de la mujer de Ajab. El verso 36 a y el 37 pertenecen a DTR(s) ya que, por ejemplo, la expresión utilizada en el primero de ellos es similar a la notificación de 2 Reyes 15:12, lo que sin duda alguna es deuteronomista.

El versículo 36 b, por otra parte, es una inserción post-deuteronomista ya que presupone y cumple la predicción de Elías en 1 Reyes 21: 23, versículo insertado en el oráculo compuesto por DTR(s) para Elías en 1 Reyes 21:20-22, 24 y reiterado en 2 Reyes 9: 10 a. Los tres versículos, como hemos indicado anteriormente, además de 2 Reyes 9: 7b y tal vez la historia actual de Nabot en 1 Reyes 21: 1-16, forman un tardío retoque anti-Jezabel a estas historias obra de un mismo editor.

               f.      2 Reyes 10: 1-17

DTR(s) editó la historia de la revuelta de Jehú para describir la forma en que aniquiló a la familia real en cumplimiento del oráculo de Elías contra la casa de Ajab. Por ello, tuvo que mover a Jehú a Samaría de modo que él pudiera incluir las historias en los versículos 12-16 como encuentro entre Jezrael y Samaría, posteriormente incluyéndolas también dentro de otro curso de cumplimiento después de que Jehú alcanzase Samaría.

Desde nuestro punto de vista los versículos 2-9, ambos inclusive, provienen de esa relación directa del golpe de estado de Jehú, mientras que todos los versículos entre el 10 y el 17 son, como el 1, una adición secundaria a la narrativa típicamente DTR(s). 

              g.      2 Reyes 10: 18-28

No nos detendremos mucho en el análisis y composición de estos versículos debido a que su significado será explicado en el siguiente apartado del artículo. De momento lo único que diremos en este punto es que son muy diferentes a la narrativa anterior y que lo más probable es que sean obra de un editor post-deuteronomista.

              h.        2 Reyes 10: 29-36

Estos versículos encajan perfectamente con la obra de DTR(S). No obstante, junto al trabajo de edición, DTR (S) incluyen algo extra, a saber, que debido a las acciones cometidas por Jehú contra la casa de Ajab su dinastía duraría hasta la cuarta generación. Esta “obvia vaticinium ex evento” encaja muy bien con la interpretación de DTR(S) de la revuelta de Jehú en su conjunto: el derramamiento de sangre de Jehú fue una fiel ejecución de YHWH contra la casa de Ajab.

Después de haber analizado el texto de 2 Reyes 9-10, en el siguiente apartado veremos el testimonio extrabíblico más importante relacionado con lo narrado en estos dos capítulos del segundo libro de Reyes, la estela de Tel Dan. 

2 LA ESTELA DE TEL DAN

La estela de Tel Dan es una inscripción triunfal en arameo formada por tres fragmentos descubiertos en la ciudad bíblica de Dan, al norte de Israel. El primero de ellos fue descubierto en 1993 mientras que los dos siguientes se hallaron en 1994. El hecho que ha llevado a dedicar un apartado a ella en este artículo tiene que ver con que en esta estela se narran, con toda probabilidad, los asesinatos de los reyes Joram de Israel y Ocozías de Judá, pudiendo plantear un problema a la veracidad del texto bíblico que apunta como autor de tales asesinatos a Jehú. La cuestión de su autoría está todavía abierta entre los especialistas dedicados a su estudio.

No obstante, para la mayoría parece evidente que los únicos autores posibles de la estela de Tel Dan son Hazael y su hijo Bar Hadad. Sin embargo, no tenemos los suficientes testimonios en la actualidad como para decantarnos por una de las dos opciones. Por lo tanto, creo que lo más sensato es la conclusión que establecen Biran y Naveh (1993), a saber: “La naturaleza de las fuentes bíblicas, por un lado, y el estado fragmentario de la inscripción de Tel Dan por el otro, no nos permite sacar conclusiones definitivas. Puede haber otros escenarios posibles, y sólo el descubrimiento de piezas adicionales de la estela puede dar respuestas a los problemas planteados por el descubrimiento de nuestro fragmento”.

Una vez comentado lo relativo a la estela de Tel Dan y expuesto los posibles autores que los especialistas en su estudio han sugerido, veremos qué aspectos del contenido del relato bíblico de 2 Reyes 9-10 podemos situar en la época a la que se refiere, mediados del siglo IX a. C., y cuáles son propios de la ideología de sus autores y/o editores.

3 ¿Qué aspectos del contenido de 2 Reyes 9-10 corresponden a la realidad de la época que describen y cuáles son propios de la ideología deuteronomista y post-deuteronomista?

3.1 Israel en el siglo IX a. C. hasta el golpe de estado de Jehú

En la primera mitad del siglo IX a. C., Israel estuvo gobernada por la dinastía de los omritas. Desde que el primer rey de esta dinastía, Omrí, subiera al trono en torno al 880 a. C., en Israel se produjo una baalización del culto, sobre todo, tras la llegada de Ajab, el sucesor de Omrí, el cual construyó un templo a Baal en la ciudad de Samaría dedicado al dios Baal de Sidón que debía servir para las prácticas cultuales de la reina Jezabel y de su séquito fenicio.

Sin embargo, hubo colectivos dentro de Israel que reaccionaron a esta política religiosa de los omritas, los profetas. En un primer momento, el profetismo en Israel estuvo en gran medida institucionalizado estatal o cúlticamente y, en cuanto tal, desempeñaba unas funciones tendentes a mantener la estabilidad social del país. Sin embargo, en el siglo IX a. C., se multiplicaron los profetas individuales y se formaron grupos proféticos de oposición independientes de la institución anterior debido al proceder absolutista y a la política religiosa de los sucesores de Omrí. Este movimiento unió la defensa de los derechos tradicionales de la población rural contra la prepotencia de la corona con la lucha por sus tradiciones religiosas.

Es en estas circunstancias cuando se produjo la revolución de Jehú que tuvo como consecuencia el final del gobierno de los omritas en Israel en el año 841 a. C. Sabemos, no sólo por 2 Reyes 9-10 sino también por documentos asirios, que en este año Jehú ya era el dirigente de Israel debido a que aparece en una inscripción de Salmanasar III de Asiria enviándole tributo. 

  1. 2 Reyes 9-10 y el siglo IX a. C. en Israel.

Hay una serie de elementos en 2 Reyes 9-10 que ilustran perfectamente ese conflicto acontecido en Israel a mediados del siglo IX a. C. entre la población rural y la dinastía de los omritas, a saber, los que hacen referencia a la oposición entre “el pueblo del país” y la “ciudad”.

El pueblo del país parece hallarse en oposición a la ciudad, a lo urbano, en un enfrentamiento que no es sólo político y social sino que también tiene evidentes connotaciones religiosas. Este pueblo del país, según estos dos capítulos, participa en la coronación de Jehú, en la reforma yahvista en contra del baalismo imperante en la ciudad de Samaría, y es a quién se dirige Jehú en varias ocasiones (2 Reyes 10: 9).

Es perfectamente plausible, por tanto, que YHWH sí que fuera la divinidad en la que se apoyó Jehú para legitimar su revuelta debido a que ésta era la que más importancia tenía, aunque no fuera la única adorada, en “el pueblo del país” y en el ámbito rural. Además, éste era un mundo donde lo religioso y lo profano no se podían separar, por lo cual, el apoyo de la deidad se consideraba necesario para la victoria.

  1. Pasajes relacionados con 2 Reyes 9-10 y el siglo IX a. C. en Israel

Por otra parte, cabe destacar que donde más se aprecia la existencia de ese conflicto es en los relatos de Elías y Eliseo (1 Re 17/ 2 Re 10), los cuales guardan una estrecha relación con 2 Reyes 9-10.      Las historias de estos relatos revelan una profunda resistencia a la hegemonía de la monarquía en varios niveles diferentes. En primer lugar, reflejan las experiencias de las mujeres y campesinos en Israel en el siglo IX a. C., dos de los grupos que más sufrieron bajo la dinastía omrita. En segundo lugar, representan un tipo de interacción que, intrínsecamente, desafió el poder del Estado: las transacciones entre aquéllos colectivos con los profetas. Y, en tercer lugar, estas historias demuestran como profetas como Elías y Eliseo – independientemente de su existencia concreta en el tiempo en que ésta se afirma- pueden haber ganado popularidad como fuentes de energía alternativa a la monarquía.  

Después de haber visto los aspectos de estos dos capítulos que reflejan lo ocurrido en Israel a mediados del siglo IX a. C., en el siguiente apartado analizaremos la reforma deuteronomista y la influencia que tuvo en este relato.

3.2 La ideología deuteronomista y 2 Reyes 9-10

a. La reforma deuteronomista

Desde finales del siglo IX a. C. en el reino de Israel hasta su desaparición,  podemos observar la presencia de un movimiento religioso con una nueva teología exclusivista centrada en YHWH y reflejada en uno de los pasajes del libro de Oseas, que dice: “Sin embargo, Yo, YHWH, soy tu Dios desde el país de Egipto, y Elohim no conoces fuera de Mi ni otro salvador sino Yo” – Oseas 13: 4. Este movimiento, que comenzó a ejercer una influencia práctica sobre la gestión de los asuntos de Judá con la subida al trono del rey Ezequías a finales del siglo VIII a. C., se caracterizaba por mantener una guerra acerca y constante a los seguidores de las costumbres y ritos religiosos más antiguos y tradicionales, primero en Israel y luego en Judá. 

A medida que fue evolucionando, sus ideas fueron adquiriendo un componente territorial ya que apostaban por la restauración de la dinastía davídica sobre todo Israel, incluidos los territorios del reino del norte bajo un rey que gobernase desde Jerusalén, y por la centralización del culto israelita en esa ciudad destruyendo los centros de culto del norte. La posibilidad de ver cumplidos estos anhelos llegó durante el reinado de Josías, cuando parecía posible la expansión hacia el norte y la creación de un gran “estado” de Israel, objetivo para el cual la monarquía necesitaba de una propaganda activa y vigorosa que preparase al país para la lucha nacional que le esperaba. Esto fue lo que llevó a este rey a acometer una reforma profunda en el ámbito religioso que casase con sus objetivos, la reforma deuteronomista.

Con el objetivo de unificar de la mejor forma posible a la población de Judá, para así lograr que todo el pueblo fuera a una y apoyara de forma unánime las pretensiones de Josías, la reforma impuso la unidad y el exclusivismo de la religión yahvista – monolatría – a todos los niveles de la sociedad. La fórmula empleada por los teólogos deuteronomistas enunciaba dos cosas, la primera que YHWH era el único Dios para Israel y la segunda que era uno y el mismo para todo Israel, es decir, que no se podría fraccionar en diferentes cultos locales como YHWH de Betel.

b. Influencia de la ideología deuteronomista en 2 Reyes 9-10

En primer lugar hay que destacar el que es el punto principal de la historia de Jehú. Éste no es otro que el reconocimiento del poder y la autoridad de la Palabra de YHWH, lo cual recoge por ejemplo el pasaje DTR(s) de 2 Reyes 9: 36 a. Por medio de esta Palabra, también anunciada por el mensajero de Eliseo, YHWH ungió a Jehú rey sobre Israel (2 Reyes 9: 6). Esta misma Palabra fue la que hizo que los oficiales reconocieran su realeza, la que causó a Jehú a rebelarse contra su superior, darle muerte, matar a su familia y a sus seguidores y reinar en su lugar en Jezrael y Samaría. En conclusión, en cada oportunidad se hace hincapié en el cumplimiento maravilloso de la Palabra de YHWH.

Desde nuestro punto de vista, aunque la idea de que la Palabra de YHWH se cumple a través del curso de los acontecimientos históricos no era nueva en Israel ya que estuvo profundamente arraigada en el carácter mántico de la temprana profecía, creemos que una enfatización tan grande de su cumplimiento no se pudo producir antes del siglo VII a. C. y de la reforma deuteronomista, momento en el cual YHWH se convirtió en la única divinidad para Israel y su culto fue centralizado. Es por ello, debido a esta reforma, por lo que aparece tantas veces en el relato de 2 Reyes 9-10.

En segundo lugar tendríamos que hacer mención al encuentro entre Jehú y los parientes de Ocozías, mencionado en los versículos 12, 13 y 14 de 2 Reyes 10. La preocupación por el destino de los miembros de la casa real judaíta, propia de la reforma deuteronomista, que se advierte en este fragmento delata la mano de un escritor de Judá, probablemente el escritor o escritores que encuentran la historia de la revuelta de Jehú dentro de los límites literarios para el reinado de Ocozías, a saber, DTR(S). Por ello, creemos que este encuentro no se produjo, y si se dio, no se realizó en las mismas condiciones que vienen en el texto debido a las modificaciones que su redactor debió realizar.      

Con esto damos por finalizado este apartado. En el siguiente, analizaremos brevemente la situación en Judá tras la reforma deuteronómica hasta el exilio y evaluaremos la influencia que ésta pudo tener en las adiciones al relato de 2 Reyes 9-10 que hemos identificado como post-deuteronomistas.

3.3 Ideología post-deuteronomista y 2 Reyes 9-10

a. Judá tras la reforma deuteronómica de Josías

La muerte de Josías en el año 609 a. C. produjo que todo el cúmulo de esperanzas de renovación nacional, social y religiosa, suscitadas por el movimiento deuteronómico de reforma, se vinieran abajo ante el acoso de la expansión egipcia y neobabilónica. De la quiebra de la reforma deuteronómica únicamente se salvaron la centralización del culto yahvista y el freno al sincretismo.

No obstante, poco después se evidenció que la reforma no caló tan hondo como pudo parecer. El profeta Jeremías, con sus críticas, ilustró que todo se redujo a un mero barniz bastante débil bajo el cual retozaban los viejos hábitos de conducta con su poder destructivo, todos ellos extendidos a todo el espectro social del reino de Judá, clase alta, media y baja, si se utilizan estos términos actuales. 

Por lo tanto, a raíz de la abolición definitiva de la institución monárquica y del culto en el año 587 a. C., grupos religiosos que habían surgido en torno a los profetas en los siglos IX y VIII a. C., como el propio Jeremías, siguieron desempeñando su actividad en el exilio en Babilonia para eliminar esos viejos hábitos de conducta, sólo logrando al final de esta época extirparlos por completo, ya que hasta entonces no se dejaron de utilizar ídolos ni existió un perfecto monoteísmo. 

     b. Influencia de la situación de Judá y de su población desde la reforma deuteronómica hasta el exilio en 2 Reyes 9-10

Esta breve exposición de la situación religiosa de Judá tras la muerte del rey Josías hasta el exilio en Babilonia nos es de gran ayuda para explicar algunas adiciones posteriores a DTR(S) realizadas al relato de 2 Reyes 9-10, concretamente las del editor anti-Jezabel. El resto no serán aquí tratadas ya que según el apartado de análisis y composición del texto – 2 Reyes 9:14-16; 27b-29 (en estas dos el mismo editor) y 2 Reyes 10: 18-28 (otro)- se escapan del ámbito temporal aquí analizado y son fruto de la composición tardía del tipo textual masorético, distinto en estos pasajes al de la Septuaginta. 

Volviendo a nuestro editor anti-Jezabel, éste realizó diversos retoques al pasaje 2 Reyes 9-10 y al relato con el que éste se vinculaba, el de la viña de Nabot en 1 Reyes 21. Estos fueron 1 Reyes 21: 1-16; 2 Reyes 9: 7b; 2 Reyes 9: 10 a y 2 Reyes 9: 36 a. En todos ellos se hace mención a una muerte horrible de Jezabel, devorada por los perros, vengando con ella la sangre de todos los servidores de YHWH. 

Este retoque anti-Jezabel pudo haber sido realizado a finales del siglo VI a. C. o a principios del V a. C. por un editor muy influenciado por la religiosidad de los que regresaron del exilio a Babilonia. La exclusividad del culto en torno a YHWH en estos momentos se traslada a otros ámbitos, como el de la condición de “Peoples of the land”, la cual únicamente tenían quienes habían estado en Babilonia y habían vuelto del exilio adorando  exclusivamente a YHWH. 

En estos momentos la preocupación por la pureza y por remarcar los límites con otros para mantener la unidad, la cohesión y la identidad de la comunidad tuvieron una elevada importancia. Por ello,  los líderes de la comunidad como Esdrás (Esdrás 10: 11-12) criticaron las uniones con los no adoradores exclusivos de YHWH. Creemos que nuestro editor se pudo contagiar de este sentimiento y por ello criticó y añadió una muerte tan cruel a la reina Jezabel, por la cual el rey de Israel Ajab construyó el templo de Baal de Sidón, cometiendo entonces una gran infidelidad a YHWH.

Con ello podamos dar por acabado esta aproximación multidisciplinar al golpe de estado de Jehú en Israel no después del 841 a. C. En el siguiente apartado, para concluir el artículo, evaluaremos en qué medida la revolución de Jehú constituyó un episodio de intolerancia religiosa y plantearemos las posibles líneas de investigación que se deben seguir en el futuro para completar los vacíos existentes en torno a este episodio.    

Conclusiones

Con base a los resultados obtenidos en este artículo podemos concluir que lo acontecido antes del año 841 a. C. en Israel fue un golpe de Estado de un general del ejército de Joram de Israel llamado Jehú debido al conflicto existente en el país entre la monarquía de los omritas, por un lado, y la población rural y las clases altas desfavorecidas por los omritas, por el otro. 

Este general se aprovechó de ese conflicto, del descontento de la población y para lograr sus pretensiones legitimó su revuelta bajo la dirección del dios YHWH, ya que en aquella época lo político estaba unido a lo religioso y todas las batallas y contiendas eran necesariamente dirigidas por un dios debido a que el apoyo de la divinidad era necesario para la victoria.

El resto de características y elementos que figuran en el texto de 2 Reyes 9-10 son adiciones posteriores y no reflejan la realidad de mediados del siglo IX a. C. sino la ideología de sus redactores y/o editores. Por lo tanto, a la pregunta de si la revuelta de Jehú constituye el primer testimonio de intolerancia religiosa debemos responder que no, ya que la expresión religiosa del celotismo que inaugura la historia de la tolerancia e intolerancia religiosa es fruto del desarrollo de la reforma deuteronomista, acontecida dos siglos después de nuestro episodio.

El golpe de estado de este general fue una revuelta político-religiosa debido a que estos ámbitos, como hemos comentado varias veces a lo largo del artículo, estaban intrínsecamente unidos en el Próximo Oriente Antiguo, lo cual nos impide hablar de sólo revueltas políticas por un lado y de sólo revueltas religiosas por el otro. 

No obstante, pensamos que se debe seguir investigando en torno a lo que concierne a este episodio y al ámbito en el que se inscribe ya que aún quedan vacíos por rellenar. Se debe seguir investigando, siempre adoptando una perspectiva multidisciplinar que combine herramientas de todo tipo de fuentes, en quién o quiénes asesinaron a los reyes de Israel y Judá Joram y Ocozías. Asimismo, se debe continuar avanzando en el estudio del texto bíblico y tratar de explicar tanto las imprecisiones de la hipótesis de la Historia Deuteronomista como las diferencias existentes en varios pasajes, como el nuestro, entre el tipo textual de la Septuaginta y el del texto masorético. Todo ello nos llevará a una mejor comprensión de la historia del antiguo Israel y de aquéllos que la redactaron.

Por último, a modo de reflexión final, me gustaría incluir que en este artículo se ha podido confirmar una tesis sobre las religiones que autores como Mohamed Charfi incluyeron en sus trabajos, a saber, que las religiones son productos históricos y, por tanto, sus características responden a la sociedad y al período en el que se inscriben.

Eso nos debe servir para no justificar la permanencia de ciertas características en una religión por el hecho de que en el pasado estuvieran presentes. Como productos históricos están sometidas a las leyes de la historia y del mismo modo que ésta evoluciona las religiones tienen que evolucionar. 

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