Los Mesías

Estudiar la vida de María Magdalena definitivamente es para valientes, para los que aceptan el convite de desafiar sus creencias y mucho más si se viene de una formación católica donde los velos a correr parecen ser infinitos. 

¿Por qué tanto revuelo genera todavía y generó desde siempre la vida de esta mujer del siglo I?

¿Qué tuvo de diferente, de especial, al resto de las mujeres de su entorno? 

¿Por qué su historia se reescribió en el siglo IV con menosprecio y a quien convenía que así fuese? 

Todos estos interrogantes ,por suerte, han sido respondidos de diversas maneras y todas las teorías aterrizan sobre las mismas pistas…mujer fuerte, judía, sabia, ejemplar, compasiva. Apóstol entre los Apóstoles, líder, culta…la Elegida. Sí, la elegida por Jesús, y en muchas dimensiones. Demasiadas cualidades para una sola mujer y más, una de su época. Su virtuosismo tuvo que taparse, esconderse y disfrazarse. El patriarcado eclesiástico no podía tolerar que una voz de mujer hablara tan alto e hiciera temblar los cimientos de una incipiente Iglesia en plena construcción.

En el año 64 AD María Magdalena ascendió, sostenida x un grupo de ángeles, a la puerta de los cielos donde la esperaba su esposo sagrado: Cristo. Así lo revela la leyenda, como también que 7 veces por día ella subía a los cielos para ser alimentada por el maná.

¿Podría ser María Magdalena el Cristo mujer? ¿Qué competencias había que tener para acceder a semejante título? 

Siempre me pregunté por qué “el Mesías” tenía que ser exclusivamente del género masculino. Porque no podrían ser, eventualmente, “los Mesías”, hombre y mujer, pareja mística y sagrada. Donde lo femenino se entrelaza con lo masculino dentro de cada alma. Donde el genero se trasciende. Todos tenemos una parte masculina y una femenina que unir dentro nuestro. Para alcanzar el balance crucial hombre-mujer. Ese balance que representaron en unión mística espiritual y terrenal, Jesús & María Magdalena.

Repensarlos, repensarnos, nos lleva a reeducarnos en un tema tan sensible como vital para el ser humano. Recupera su verdadera esencia.

Hoy salen a la luz con fuerza, permitiéndonos reeducarnos en el verdadero sagrado femenino. Ese que nunca debió ser anulado, que debió de ser “sagrado” tanto como el masculino y unido a este.