Necesidad e importancia de conocer la lengua griega para comentar los textos bíblicos en griego

Si bien es posible asumir como una obviedad el pretender hacer
conciencia sobre la necesidad de conocer la lengua griega para comentar
los textos bíblicos en dicha lengua; debo decir que, no obstante, es
demasiado habitual que personas sin conocimiento alguno, o con un
conocimiento muy elemental de la gramática griega, se pronuncien y
comenten textos bíblicos en griego, incluso afirmen que tal o cual texto no
han sido bien traducidos; por supuesto y, lamentablemente, con la
pretensión de que se están expresando con sabiduría y con mucho acierto.
Ahora bien, ante esta incuestionable realidad, con este breve artículo me
propuse poner de relieve la necesidad de conocer bien la lengua griega
(griego koiné en este caso), para poder pronunciarse con acierto respecto
de los textos bíblicos en griego.
Consecuentemente, la pregunta obligada es: ¿por qué es importante el
estudio serio y completo de la gramática de la lengua griega koiné para la
exégesis bíblica?
En primer lugar, porque es el griego koiné (estadio de la lengua griega
entre los años 323 a.C. y 330 d.C. aproximadamente) el idioma original de
todo el Nuevo Testamento.
En segundo lugar, porque el griego koiné es la lengua de la que fue la
principal vía de acceso a los textos de la Biblia Hebrea para los autores del
llamado Nuevo Testamento: la Septuaginta.
En tercer lugar, porque como muy bien pone de relieve Julio Trebolle
Barrera, “la importancia de la Septuaginta proviene de dos aspectos de la
misma: su valor crítico como traducción de un original hebreo, en
ocasiones divergente de la tradición masorética, y su valor exegético como
traducción, que refleja tradiciones de interpretación e ideas teológicas del
judaísmo helenístico” (La biblia judía y la biblia cristiana, TROTTA,
página 331).

En consecuencia, resulta innegable la importancia de la Septuaginta para
la exégesis de la Biblia Hebrea (como testigo indirecto del texto hebreo),
así como para la exégesis del Nuevo Testamento Griego (como principal
vía de acceso a los textos de la Biblia Hebrea para los autores del NT), y la
necesidad del sólido conocimiento de la lengua griega koiné para poder
tener el acceso deseado a la Septuaginta y para hacer un uso consciente y
crítico de la misma.


Caso ilustrativo: ¿Qué es lo que en realidad dice Marcos 11.22?
¿Tengan «la fe que procede de Dios», o tengan «fe en Dios»?


Por años he venido escuchando a ciertas voces (con un conocimiento
deficiente o sin ningún conocimiento de la gramática del griego koiné) que
vienen insistiendo en que, supuestamente, la traducción de Marcos 11.22
que se lee en la Reina Valera 1960 («Respondiendo Jesús, les dijo:
Tened fe en Dios»
) no es correcta.
Sin embargo, a la luz de la gramática griega, es preciso que nos
preguntemos: ¿Qué es en realidad lo que dice Marcos 11:22b? ¿Tengan la
«fe de Dios» (genitivo subjetivo), o tengan «fe en Dios» (genitivo objetivo)?
¿Cómo nos ayuda el conocimiento de la gramática del griego koiné en esta
cuestión? ¿A qué se llama “caso genitivo”?
El genitivo forma parte de los cinco casos que conforman la llamada flexión
nominal griega.
La flexión nominal hace referencia a las distintas formas (morfología) que
asume el sustantivo (también el adjetivo, el pronombre, el artículo definido,
y el participio griego), según la función que desempeñe en el marco de una
estructura oracional (sujeto, modificador directo, modificador indirecto,
aposición, vocativo, objeto directo, objeto indirecto, complemento
circunstancial).
Luego, si bien el sentido común del caso genitivo implica el empleo de la
preposición «de», no es menos cierto que también tenemos otras dos
formas (entre otras) de asumir el caso genitivo: el «genitivo subjetivo» y el
«genitivo objetivo».

Por supuesto. Cuando el caso genitivo se emplea acompañado de una
preposición («ek» o «apó»), sin discusión se ha de asumir con el sentido
de un «genitivo subjetivo».
En consecuencia, si el texto de Marcos 11.22 en lugar de «pístin zeú»
hubiese dicho «pístin apó zeú» («pístin ek zeú»), la traducción indiscutible
sería: “tengan la fe que procede de Dios” (“la fe que otorga Dios”).
Por otro lado, para ser justo con las personas que ponen bajo
cuestionamiento la traducción de Marcos 11.22 en la Reina Valera 1960;
paso a considerar un ejemplo concreto de falta de consistencia por parte
de algunas versiones de la Biblia, en el tratamiento de un claro «genitivo
objetivo», pero en relación al papel mediador de la persona de Jesús
asumido como el Cristo. 
Los textos que voy a considerar son Gálatas 2.16 y 3.26, según se leen en
la versión Reina Valera 1960.
 
En la versión Reina Valera 1960, Gálatas 2.16 dice: “Sabiendo que el
hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de
Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser
justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por
las obras de la ley nadie será justificado”
Aquí encontramos dos expresiones que van a ser objeto de nuestro
análisis. La primera «por la fe de Jesucristo» y la segunda «por la fe de
Cristo».
Pues bien, la expresión «por la fe de Jesucristo» es la traducción de la
expresión griega «diá písteos Iesú Kristú», que, por supuesto, está en caso
genitivo.
La segunda expresión «por la fe de Cristo», es la traducción de la griega
«ek písteos Kristú», que también está en caso genitivo.
Ahora bien, ¿cuál es el sentido del caso genitivo en estas dos
expresiones? ¿El sentido del «genitivo subjetivo», o sea, la «fe de
Jesucristo», la «fe que procede de Cristo» (la fe que tiene a Cristo como
sujeto); o el sentido del «genitivo objetivo»: la «fe en Jesucristo» (la «fe
que se pone en Cristo» (la fe que tiene a Cristo como objeto)?

Pienso que la siguiente expresión, que también forma parte de Gálatas
2.16, «kái jeméis eis Kristón Iesún epistéusamen» (traducción: También
nosotros creímos en Jesucristo), es un factor a considerar, y que apunta
hacia el «genitivo objetivo».     
La importancia de esta última frase radica en que no es ambigua como el
caso «genitivo objetivo» sin preposición (que nos obliga a considerar la
posibilidad de un «genitivo subjetivo», como la posibilidad de un «genitivo
objetivo».
Por supuesto, inclinarnos por el «genitivo subjetivo» o por el «genitivo
objetivo» es una decisión que no se ha tomar a la ligera.
En consecuencia, el empleo aquí de la preposición «eis» más las palabras
«Kristón Iesún» en acusativo, apunta indefectiblemente a la idea locativa
«en Jesucristo», idea a la que indica precisamente el «genitivo objetivo»
(el cual señala en realidad a un objeto directo, pero con el caso genitivo).
Además, no podemos perder de vista que la forma verbal «epistéusamen»,
corresponde al verbo «pistéuo», que significa tanto “creer” como “tener fe”;
por lo tanto, una traducción legítima de «epistéusamen», en el contexto de
Gálatas 2.16, es: “También nosotros tuvimos fe en Jesucristo”.
Pero el asunto no queda ahí, pues resulta que el mismo autor de Gálatas,
en el capítulo 3 versículo 26, vuelve a dar evidencia de que con el uso de
las expresiones «diá písteos Iesú Kristú» y «ek písteos Kristú» en el 2.16,
tenía en mente el «genitivo objetivo».
Lógicamente, la evidencia a la que estoy haciendo referencia es a la
expresión «en Kristó Iesú» en el 3.26, traducción: “en Jesucristo”, ya que
con el uso de dicha expresión es claro que el autor de Gálatas vuelve a
insistir en que está apuntando al «genitivo objetivo».     
Además, es preciso admitir que con el uso de la preposición «en», más las
palabras «Kristó Iesú», en caso dativo, es exactamente equivalente a la
idea expresada por la preposición «eis» más las palabras «Kristón Iesún»
en caso acusativo (empleada por el autor en 2.16).

Conclusión: la expresión «eis Kristón Iesún» (la preposición «eis» más
acusativo), y la expresión «en Kristó Iesú» (la preposición «en» más el
caso dativo), señalan indefectiblemente a la idea del «genitivo objetivo».  
En suma, las expresiones de Gálatas 2.16, «diá písteos Iesú Kristú» y «ek
písteos Kristú», deben entenderse y traducirse como apuntando al
«genitivo objetivo», pues tanto en el 2.16 como luego en el 3.26, el autor
usó dos expresiones distintas, pero totalmente equivalentes, con lo cual
dejó ver que siempre tuvo en mente la idea del «genitivo objetivo».  
Finalmente, a la luz de los datos que arroja nuestro análisis, una
traducción acertada de Gálatas 2.16 debe ir en la siguiente línea:
«Sabiendo que el ser humano no es justificado por medio de las obras de
la ley, sino por medio de la fe en Jesucristo. Nosotros también hemos
creído o (tenido fe) en Jesucristo, para ser justificados por medio de la fe
en Cristo y no por medio de las obras de la ley, por cuanto por las obras de
la ley nadie será justificado».
Y Marcos 11.22: «Respondiendo Jesús, les dijo: tengan fe en Dios»” (Dios
no como sujeto, sino como objeto).

¡Hasta la próxima!